Tornalla
Introducción
La Tornalla, erguida sobre el borde de un precipicio a 200 metros del torrente Buthier, domina por su posición toda la valle. Puesto que no está vinculada visualmente con otras torres o castelli y no cierne puntos de paso particulares, se puede suponer que en el pasado ha desempeñado sólo una función de control del territorio circundante.
Descripción arquitectónica
La torre, que en el siglo XVIII era llamada "des Coursi", ha planta octogonal y albañilería en piedra. Los muros han espesos 1.80 metros a la base y se reducen a cada plan con riseghe regulares para alojar los vigas de suelos en madera. La puerta de entrada es la única apertura de la torre y es correo a 7 metros del suelo. La torre, alta más de 11 metros, presenta un diámetro externo de 7,50 metros y uno interno de aproximadamente 5,30 metros. Probablemente en parta más alta debía haber una latrina ahora totalmente destruida. El edificio está rodeado por los restos de un muro de recinto a menudo más de 1 metro. La conformación del recinto conduce el edificio a la tipología de la torre castellata, además su reducida dimensión configuración no hace pensar la existencia de un castillo, a menos que no se hayan perdió las trazas de otros posibles muros. En efectos podrían ser existido otros cuerpos colocarse directamente sobre roca y posteriormente llevados por los campesinos para la construcción de sus viviendas. Sin embargo, la escasa disponibilidad de espacio en los alrededores de torre y la falta de otras aberturas, hacen pensar que el edificio pudiera servir al máximo como estancia estacional.
Antecedentes
La torre aparece en los documentos a partir de 1197. Poco antes del 1253, año en que el edificio fue infeudato a los señores de Quart, los Saboya lo ordinarono el desguace a causa de una de señores de Oyace. Los nuevos propietarios ricostruirono la torre dándoles la forma que posee todavía hoy. Los señores de Quart no para nunca este edificio para las audiencias generales, en efecto, en un escrito del 1318 ellos precisarono de no prestar la habitual homenaje feudal de la torre porque no entraba en costumbre. A la muerte del último descendiente varón de cuarta, los Saboya convirtieron propietarios de todos sus posesiones con excepción de la torre que en 1389 era aún de propiedad de la viuda del último señor de Quart. Este hecho resulta de particular importancia porque parece confirmar la hipótesis de que concede a la Tornalla un papel residencial. En 1412 el propietario de la torre de Oyace era un prior de Aosta.
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